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El poder que acaparó Franco no había tenido
antevente en la historia de España. Su exaltación
como caudillo y la represión de la oposición
ayudó a situarlo por encima de todas las tendencias
políticas. El régimen se caracterizó
por las siguientes características:
• Ausencia de una constitución (sustituida
por normas)
• La inexistencia de partidos políticos(solo
existía el movimiento nacional)
• La concentración del poder político
y militar en la figura de Franco
• La potestad legislativa recaía en la potestad
de Franco
• El régimen de Franco se declaró antimarxista
y antiliberal y presentaba afinidades con el marxismo y
el fascismo
• Solo existía un sindicato (sindicato vertical)

Con el nombramiento de Franco como generalísimo de
los tres ejércitos y jefe único de la Falange
ayudó a cohesionar a los rebeldes. Al acabar la guerra
civil se publicaron una serie de leyes que otorgaron a Franco
el poder judicial, ejecutivo y legislativo del Estado. Hasta
su muerte Franco estuvo convencido de que era él
salvador de la patria. A todo esto colaboró la propaganda
laudatoria que desencadenó en la posguerra para evitar
que fuera cuestionado, por lo que acuñaron la expresión
de que el caudillo solo era responsable “ante Dios
y ante la Historia”.

Los sectores políticos y sociales que más
aclamaron a Franco fueron los vinculados a la España
tradicional que le ofrecieron su colaboración ideológica,
política o militar incondicional. También
encontró respaldo en los sectores sociales que habían
visto peligrar sus propiedades durante la republica y la
guerra. Franco se convirtió en el líder de
un amplio sector de clase media que recuperó la seguridad
del orden y el respeto a los valores tradicionales, además
de todos los nuevos funcionarios que creó el régimen.

El nuevo régimen aplicó una política
de terror en las zonas que poseían una mayor oposición
con el objetivo de eliminar cualquier vestigio de oposición
para garantizar que resultara imposible organizar una oposición
eficaz además de que buena parte de ella se encontrara
en el exilio.

En los últimos momentos de la guerra mucha gente
contraria al régimen marchó al exilio que
siguieron caminos diferentes. Buena parte regresó
al poco tiempo (gran parte eran soldados) y fueron recluidos
en campos de concentración.
Muchos de los exiliados en Francia fueron recluidos en campos
para refugiados en condiciones infrahumanas y cuando Alemania
le declaró la guerra se incorporaron a la lucha en
contra del franquismo. Cuando Alemania controló Francia
muchos de estos exiliados fueron deportados a campos de
concentración nazis.
Muchos exiliaron a América para evitar la inestabilidad
en Europa y la gran mayoría emigró a México
donde se instaló la elite social y política
española exiliada.

El nuevo régimen adquirió las características
de un estado policial que aplicó el código
de justicia militar y restableció la pena de muerte.
Unos 400.000 españoles fueron detenidos, unos 70.000
condenados a pena de muerte y unos 25.000 fusilados.
Otro aspecto importante fue la depuración de funcionarios,
los que eran considerados contrarios o poco afines al régimen
fueron apartados de sus puestos como profesores y funcionarios,
y sus puestos fueron ocupados por personal ideológicamente
afines al régimen.
Durante toda la década se vivió un ambiente
de recelo y persecución donde la red de jefes de
barrio y de casa se encargaba de captar adeptos para el
régimen. La censura eliminó la libertad de
expresión donde se revisaba todo antes de ser publicado

En los años cuarenta adoptó la retórica
y la imagen del falangismo español que inundó
todos los rincones de España, siempre a la suprema
voluntad de Franco. Cuando Franco dio fe de su aristocracia
se dio fe de su intención de perpetuarse en el poder.

Unos de los factores que permitieron a Franco perpetuarse
en el poder fue su capacidad camaleónica de su adaptación
pragmática a los acontecimientos internacionales
e internacional. Franco se limitó a adoptar los principios
de aquellas instituciones y formaciones políticas
y sociales que lo habían encumbrado en las más
altas magistraturas de nuevo Estado. Dividió las
familias y tendencias políticas enfrentadas para
contrarrestar su influencia. Sobre todo su dictadura mantuvo
una serie de principios que le dieron sus señas de
identidad.

Los militares aportaron al régimen una visión
unitaria de España. La defensa de la integridad territorial
era el objetivo prioritario del gobierno. Con este espíritu
tradicionalista el ejército asumió con raras
excepciones la jefatura del generalísimo y gran parte
de la administración del Estado. A partir de 1943
hubieron algunas reticencias contra Franco por su alineación
con los fascismos y la arbitrariedad con las que ejercía
su poder.

La Falange aportó su imagen externa y los elementos
más novedosos de su ideario y propició un
sistema totalitario denominado nacional-sindicalismo, también
aportó el mito de su líder asesinado durante
la guerra. Se basaba en las teorías del fascismo
italiano sobre la organización de un estado corporativo.
Durante los años 40 aumentaron mucho sus militantes.
Se Creó el Centro Nacional Sindicalista o Sindicato
Vertical. En los años 40 un tercio de los altos cargos
eran miembros de la Falange que alcanzaron un tercio de
los cargos. Franco controlaba toda la normativa institucional
que realizaban los falangistas y reprimió cualquier
intención revolucionaria.
La presencia de Falangistas en la vida pública española
empezó a ser criticada por militares y monárquicos,
hasta que desencadenó el enfrentamiento del santuario
de la Virgen de Begoña. Dos años mas tarde,
con la derrota de Alemania e Italia, se empezaron a disimular
los aires falangistas y se impulsó el relevo del
gobierno de los falangistas.

La Iglesia no dudó en apoyar a los sublevados desde
el comienzo de la guerra y después Franco estableció
amplias relaciones entre la iglesia y el poder político.
El Estado se declaró confesional y se suprimieron
todas las legislaciones de la república. Se entregó
al clero el control de la enseñanza y se hizo la
enseñanza de la religión obligatoria. Además,
era casi obligatorio asistir a los rituales y liturgias
religiosas.
De este modo, la defensa de la religión y la moral
fue también una de las señas de identidad
del franquismo, llamado nacional catolicismo. Ese catolicismo
ultra conservador se justificó con una dura represión
al comunismo y la masonería.
Franco sintió por la masonería una especial
aversión y el materialismo comunista se convirtió
en el blanco de las diatribas del régimen.

Franco no creía en la democracia y suprimió
los partidos rojo-separatistas y prohibió que la
prensa llamara a los sublevados partido haciéndose
llamar Movimiento Nacional. Franco fue publicando una serie
de leyes fundamentales en las que se definieron los principios
antidemocráticos del régimen y su carácter
autocrático del ejercicio del poder.
La Ley Constitutiva de las Cortes definía una cámara
elegida por Franco y las corporaciones que cumplía
la función limitada a refrendar los proyectos de
ley presentados por el dictador. A este sistema se le llamó
democracia orgánica y a esta cámara se le
llamaba irónicamente como el poder resonador.
En 1945 se creó el Fuero de los Españoles
donde se declararon sus derechos y deberes.
La Ley de Referéndum Nacional de 1945 intentó
dar una cierta apariencia democrática al régimen
reconociendo el derecho de los españoles al voto,
aunque todas las consultas electorales estuvieron manipuladas
propagandisticasmente.
La Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1946
que le permitió nombrar a un sucesor, aunque no lo
decidió hasta 20 años después.

El estallido
de la Segunda Guerra mundial a los pocos años del
final de la guerra española no solo condicionó
la política exterior de España sino que también
condicionó la configuración política
del nuevo régimen. Esta adaptación oportunista
al desarrollo de los acontecimientos internacionales contribuyó
a afianzar a Franco n el poder.

En 1939 el régimen mantenía unas relaciones
excelentes con las potencias del eje por la ayuda aportada
durante la guerra y los paralelismos existentes, aunque
al estallar la guerra el gobierno de Franco se declaró
neutral.
La colaboración con las potencias fascistas fue constante
y ante las arrolladoras victorias alemanas Franco mantuvo
abiertas las posibilidades de entrar en la guerra. Aunque
Hitler desestimó las peticiones que le hizo Franco
en su entrevista en Hendaya, España proporcionó
ayuda a los nazis como el aprovisionamiento de sus barcos.
El mayor apoyo se produjo en 1941 cuando se envió
a la División Azul al frente ruso. Conforme Alemania
fue perdiendo posiciones el gobierno franquista vio muy
comprometida la adhesión a Hitler y volvieron a la
política de neutralidad retirando a la División
Azul y sustituyendo al ministro de exteriores.

En el ámbito internacional existía un rechazo
a la dictadura franquista y las Naciones Unidas no permitieron
la entrada de España en ella y más tarde se
le cerraron las fronteras. Ante la victoria del frente aliado
en la guerra Franco intentó cambiar la imagen de
España convirtiéndose en una democracia orgánica
pero se le negaron las ayudas del plan Marshall a España
y se retiraron los embajadores de Madrid.
Mientras las fuerzas opositoras al régimen veían
ante esto una posibilidad del fin de la dictadura el régimen
aunque este reforzó su tradicional línea autárquica
y represiva. El régimen identificó el boicot
político y económico internacional como una
conspiración internacional encabezada por Rusia.
Al iniciarse la guerra fría Europa y Estados Unidos
empezaron a ver en Franco a un potencial aliado en un mundo
polarizado.
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