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1898 - 1917
LOS INTENTOS DE REGENERAR EL SISTEMA
La Crisis del 98 y el Regeneracionismo
Política Colonial y la Guerra de Marruecos
Problemas durante el reinado de Alfonso XVIII en España
El problema militar
La cuestión social
El Anarquismo
El problema regional
El problema constitucional.
El problema religioso
Los Intentos de reformas Institucionales y Regeneración
La labor de Silvela y Marura (1902-1909)
La caída de Maura y la Crisis de 1909 (Semana Trágica de Barcelona)
Consecuencias políticas: El reformismo de Canalejas (1910-1912)
LA CRISIS GENERAL DE 1917
España en la 1ª Guerra Mundial
Las Juntas Militares de Defensa
La Asamblea Parlamentaria
La huelga general de Agosto de 1917
Extras (Biografías, Documentos, Fotografías...)


En los primeros años del siglo XX, el regeneracionismo era un tema deseado por todos; desde políticos (Francisco Silvela), economistas (Joaquín Costa) e intelectuales (Ángel Ganivet) hasta eclesiásticos como el cardenal Cascajares. Con ellos conectan los escritores de la Generación del 98, interesados en llevar a cabo una labor de cambio y modernización de España. La pérdida de Cuba y Filipinas no hundió el sistema político de la Restauración pero si lo hizo tambalearse y mostró la necesidad de regenerar el sistema para que pudiera subsistir. El sistema siguió basándose en la Constitución de 1876, el bipartidismo y la farsa electoral.
La derrota en Cuba no fue asumida por nadie. La población y el ejército culparon a los políticos por no haber sabido dar solución a los problemas que planteaba la isla. La derrota colonial marcó mucho a los intelectuales del país, que haciendo una reflexión profunda, se plantearon y criticaron el papel de España en la Europa industrializada; pero tampoco ellos aportaron soluciones. Los partidos no tuvieron un programa político con el cual convencer a la sociedad.
El movimiento que cuestionó los valores del sistema fue el regeneracionismo y su figura más destacada fue Joaquín Costa, cuya obra más conocida “oligarquía y caciquismo”, denunció la incultura y el sistema de fraude electoral. Para acabar con esta situación proponía incentivar la educación y modernizar las estructuras para lograr el progreso de España. Se trataba de una auténtica reforma social y para ello necesitaba lo que llamaba “un cirujano de hierro” que supiera cortar los males arraigados en el país y conducir a la nación hacia el progreso.
Después de 1898, el gobierno llevó a cabo algunas reformas para intentar regenerar el sistema pero nunca con la idea de cambiar la estructura política. Uno de los principales factores que alteró el funcionamiento del régimen fue la propia evolución de los partidos dinásticos, pues la falta de líderes carismáticos tras la muerte de Cánovas y Sagasta (1903) ocasionó una gran debilidad política. Esta inestabilidad se va a intensificar con la llegada de Alfonso XIII al trono que, a diferencia de Alfonso XII y María Cristina, intervino en la política más de lo que la Constitución de 1876 le permitía. En el partido conservador se encontraban Francisco Silvela y Antonio Maura y en el liberal Eugenio Matinez Rix, Segismundo Monet y José Canalejas.

Tras la pérdida de sus posesiones americanas con le desastre 1898, la actuación exterior española se orientó hacia el norte de África en un momento en que las grandes potencias Imperialistas se estaban repartiendo el continente africano. Después de la pérdida de las colonias España empezó con una tímida política exterior con el objetivo de Marruecos. A partir de 1906 España inició su penetración en el norte de África. La conferencia de Algeciras de 1906 y el posterior tratado hispano-francés supusieron la entrada de España en el reparto de África. A España se le concedió una franja en el norte, el Rift y un enclave en la zona atlántica: Ifni y Río de Oro.Los intereses perseguidos en la zona eran varios:
• Estratégicos porque se trataba de evitar que las potencias occidentales, especialmente Francia y
Alemania decidieran exclusivamente el destino de Marruecos.
• Económicos, porque resultaba importante explotar los recursos mineros de las montañas del RIF y
parecía rentable la posibilidad de realizar grandes inversiones de capital en la construcción de ferrocarriles y otras obras públicas.
• Política de prestigio porque la expansión de Marruecos podría ayudar a la recuperación del prestigio perdido a
la vez que posibilitaba la realización de los ideales “africanistas” de aquellos que consideraban a África como una ocasión histórica perdida.
• La Iglesia también tenía intereses, porque vio un posible campo de evangelización.

A finales del siglo XIX, el sultanado de Marruecos vivía envuelto en una anarquía e inestabilidad política. Europa puso sus ojos en él. Al lado de España, Francia quería asegurar su posición en Túnez; Inglaterra trató de salvaguardar su dominio en Gibraltar; y Alemania deseaba ventajas económicas y territoriales en África. Chocan los intereses. Las rivalidades entre Francia, Inglaterra y Alemania tras la conferencia de Algeciras en 1906 y tras la firma del tratado hispano – francés en 1912, dieron como resultado la división de Marruecos en dos protectorados: uno al sur, de mayor extensión y riqueza adjudicado a Francia; el otro al norte, en las montañas del RIF, más pobre y reducido, adjudicado a España. El dominio de España en su protectorado no fue nada fácil ni muy rentable económicamente, pues la ocupación militar del protectorado español en Marruecos estaba resultando una operación difícil y costosa porque el ejército español estaba mal preparado y carecía de recursos. Además, las características del RIF no ayudaban puesto que era una zona muy montañosa mal comunicada y ocupada por distintas tribus. En 1920 y ante la ofensiva del ejército español para imponer su domino, se sublevó una de las tribus beréberes del RIF liderada por Abd – el – Krim. La operación acabó con la derrota de España en Annual en 1921 donde murieron 12000 soldados españoles y fue destruido numeroso material de guerra. La difícil guerra manifestó la impotencia del ejército español para doblegar a los sublevados y establecer la paz. La derrota creó en clima de malestar en la opinión pública española, lo que acentuó el descontento hacia el sistema y las críticas contra los políticos, militares y el propio rey.

El ejército se vio sometido a duras críticas desde el desastre del 98. Necesitaba una reforma profunda que lo hiciera más operativo, puesto que su excesivo cuadro de mandos absorbía la mayor parte del presupuesto en sueldos imposibilitando la modernización del material de guerra. La guerra de Marruecos así lo puso de manifiesto. Arreciaron las críticas y las peticiones de responsabilidades ante los fracasos por lo que los militares reaccionaron con “espíritu de cuerpo” alejándose de la sociedad. Ante los problemas internos (ascensos rápidos por méritos de guerra) y los externos (ataques a su prestigio), se crearon las Juntas de Defensa como órgano de presión ante la vida política. Con ello empezaba a resquebrajarse la armonía conseguida por Cánovas y Alfonso XII entre el poder civil y el militar.

El movimiento obrero presentó un problema permanente, que fue extremando sus actitudes hasta desembocar en la huelga general de la Gran crisis de 1917. La huelga y la violencia protagonizada por grupos anarquistas pasaron a formar parte de su metodología. A pesar de su creciente importancia no tuvo capacidad para imponer cambios políticos y sociales profundos. El movimiento obrero estuvo condicionado por la situación de las clases trabajadoras: paro, alto grado de analfabetismo y fuertes desigualdades salariales entre el obrero industrial y el agrícola. El socialismo potenció el partido obrero de masas, aunque evoluciona lentamente tiene cada vez más efectivos. Pretende tomar el poder con el fin de abolir las clases sociales y transformar la sociedad.
Asumió la defensa de los obreros pero rechazaba en sus reivindicaciones la vía de la violencia. Su sindicato, la UGT tuvo una gran implantación e influencia entre las clases trabajadoras de las zonas industrializadas de Asturias y el País Vasco. Sólo contó con el escaño de Pablo Iglesias que había fundado el PSOE en 1879, aunque no se constituye oficialmente como partido hasta 1888.

El anarquismo sufre altibajos en su trayectoria; la huelga es su instrumento. Tuvo un importante papel en el clima de violencia social de la primera mitad del siglo XX llevando a cabo actos de carácter terrorista. Su sindicato, la CNT (confederación nacional de trabajadores) entendía el sindicalismo como un medio para la transformación social pero por la vía revolucionaria. La CNT organizó numerosas huelgas por la defensa de las mejoras salariales y la disminución de la jornada laboral. Su mayor arraigo se produjo en Levante, Cataluña y Andalucía.
Los partidarios del anarquismo organizaron la federación de la región española (FTRE) en la que se distinguen dos tendencias:
- la anarco - sindicalista: partidaria de la vía reivindicativa a través de los sindicatos.
- la anarco – comunista: partidaria de una acción más violenta, incluso del terrorismo.
La violencia anarquista protagonizó una oleada de atentados de la que se culpo a una organización terrorista llamada “La Mano Negra” que se relacionó con la FTRE, aunque nunca se pudo comprobar fue suficiente la sospecha para desarticular este movimiento en Andalucía.

Tiene su principal exponente en el catalanismo. El regionalismo catalán aceptaba la monarquía asé como la unidad de España pero pedía una reforma constitucional profunda que permitiera la autonomía catalana.
Las bases de Manresa constituyeron la carta magna del catalanismo. Los líderes más importantes fueron Prat de la Riva y Cambó, gran conocedor de las finanzas.

Con el fin de adecuar la Constitución de 1876 a la nueva realidad social y política de España era necesario reformarla profundamente. Se tenía que eliminar de ella todo lo que de falso y anacrónico había en su funcionamiento real (caciquismo y falsa electoral), e introducir modificaciones capaces de integrar en el sistema a otras fuerzas políticas como los regionalistas y los republicanos. El intento más serio se haría en 1917, pero fracasó. Sería el inicio del fin del régimen.

Se planteó como consecuencia del antagonismo entre clericalismo y anticlericalismo. El partido liberal, sin programa político que le diferenciara del conservador e inducido por las fuertes medidas anticlericales de Francia, tomó el anticlericalismo como bandera política. Se sucedieron hechos lamentables como agresiones a obispos, sacerdotes y edificios religiosos; la polémica estuvo centrada en torno a la enseñanza de la religión en institutos de enseñanza media y en escuelas primarias, y en la capacidad de las congregaciones religiosas para ejercer o no la docencia.

Al comienzo del reinado, los intentos de regeneración y modernización del gobierno de Francisco Silvela se ven abortados por la incompatibilidad de sus ministros: el General Polavieja, ministro de la guerra y partidario de grandes reformas; y el ministro de hacienda, Fernando Villaverde, partidario de introducir las más severas economías en los presupuestos generales del Estado. El programa de Polavieja fue imposible de realizar por lo que presentó su dimisión y defraudado Silvela, se retiró.
En 1907 Antonio Maura volvía por segunda vez al poder e inicia un decidido programa de renovación interna. Gobernó dos veces: de 1903 a 1904 y de 1907 a 1909 pero su influencia llena todo el período. Intentó la reforma del sistema canovista tratando de lograr que la democracia fuese una realidad y no una apariencia. Afrontó los dos problemas fundamentales del Estado: la práctica inmoral del caciquismo y el regionalismo; para ello publicó la Ley de Administración Local de 1907 que pretendía una reforma profunda de las estructuras políticas del país pero que quedó sólo en un proyecto. Esta ley pretendía “el descuaje del caciquismo”. La misma ley concedía amplias cotas de autonomía al regionalismo catalán.

La primera crisis grave del reinado de Alfonso XIII fue desencadenada en 1909 y provocó la caída de Maura. La protesta fue por la movilización de reservistas catalanes para la guerra de Marruecos. Los reservistas iban a controlar una rebelión de indígenas q protestaban por la construcción de un ferrocarril minero en la zona del RIF. Esta región había sido concedida a España en una conferencia internacional sobre Marruecos celebrada en Algeciras en 1906; allí se reunieron las principales potencias para llevar a cabo el reparto colonial de África. El gobierno de Maura había ido creándose una fuerte oposición de izquierdas. El incidente que provocaría su caída fue la semana trágica de Barcelona. Barcelona vivió unos días de terror y la ola de violencia se extendió por otras ciudades. El gobierno declaró el Estado de guerra y se utilizó al ejército para reprimir la violencia. El gobierno emprendió una fuerte represión que costó la vida al anarquista Francisco Ferrer Guardia, a quien se le atribuyó la responsabilidad de aquellos hechos. Ferrer Guardia era un anarquista pedagogo fundador de la Escuela Nueva; su ejecución levantó una violenta protesta tanto dentro como fuera de España que contribuyó al descrédito del gobierno y la monarquía.

Estos hechos provocaron la caída de Maura. Fue sustituido por Moret que sólo estuvo en el gobierno unos meses siendo sustituido por Canalejas, la personalidad más relevante del partido liberal. Realizó el segundo gran intento de salvar al país y a la monarquía y para ello:
• Estableció un impuesto sobre las rentas urbanas que gravaba especialmente a los ricos.
• Afrontó el problema clerical promulgando la llamada Ley del Candado por la que prohibía la entrada de nuevas órdenes religiosas a España.
• Atendió algunas reivindicaciones obreras, concediéndoles la jornada laboral de 9 horas.
• Reguló en trabajo de la mujer.
• Hizo obligatorio el servicio militar eliminando los pagos o redenciones en metálico.
• Inició la legislación social para intentar controlar el movimiento obrero.
• Atajó con dureza las huelgas distinguiendo entre huelga reivindicativa de derechos y huelga revolucionaria.
• Dio pasos importantes en la solución del problema regionalista con la Ley de Mancomunidades Regionales.
Cuando se anunciaba una esperanzador turno entre maura y Canalejas, este último fue asesinado por un anarquista el 12 de Noviembre de 1912.

A partir de la muerte de Canalejas (1912) el reformismo dinástico perdió gran parte del dinamismo del período anterior y la ausencia de líderes prestigiosos provocó la fragmentación interna de los partidos del turno. Dentro del partido conservador se consolidaron dos tendencias: los mauristas que intentaron formar un partido de talante más reformista y los idóneos de Eduardo Dato que representaban la postura más tradicional. También el partido liberal se fragmentó en diferentes corrientes fruto del personalismo de sus líderes. En 1913 el rey nombró al conservador Eduardo Dato como presidente del gobierno y este tuvo que hacer frente a las consecuencias del Estallido de la 1ª guerra mundial (1914-1918)
España mantuvo una posición de neutralidad frente al conflicto Europeo, actitud que fue apoyada por todas las fuerzas políticas. A pesar de la neutralidad la sociedad Española tomó partido a favor de uno u otro adversario, dándose grandes polémicas entre:
• Germanófilos Las clases altas, la Iglesia y la mayor parte de los mandos del ejército, así como el partido real se mostraron partidarios de los Imperios centrales (Alemania y Austria), representantes del orden conservador y de la autoridad.
• Aliadófilos Los sectores más progresistas, sobre todo republicanos se inclinaron por las potencias aliadas Francia e Inglaterra, en las que veían la encarnación de unos ideales más democráticos.
• Fuerzas Obreras (y Sindicales) defendieron la neutralidad al considerar que el conflicto era una pugna entre intereses imperialistas.
La neutralidad favoreció una importante expansión económica ya que la guerra redujo la capacidad productiva de los países beligerantes y España se convirtió en suministradora de productos tanto industriales como agrícolas. El incremento de la demanda interior estimuló el crecimiento de la producción pero también trajo consigo un aumento de los precios lo que desató un proceso infraccionario sin precedentes.
Los precios de los productos de primera necesidad se duplicaron entre 1924 y 1919 y el precio del trigo (producto básico) aumentó un 70%.
La demanda exterior benefició especialmente a la siderurgia Vasca, a la minería Asturiana y a las industrias textiles y metalúrgicas de Cataluña. Fueron años de buenos negocios y de fácil enriquecimiento, pero este crecimiento tuvo un componente fuertemente especulativo ya que no se invirtieron los beneficios en la modernización de infraestructuras. En contraste, las clases populares conocieron un empobrecimiento de su nivel de vida ya que la inflación no fue acompañada de una subida equivalente de los salarios y la capacidad adquisitiva de un buen sector de la población disminuyó notablemente. Se calcula que el coste de la vida subió entre un 15 y un 20% y el empeoramiento del nivel de vida provocó una oleada de huelgas y reivindicaciones (en el año 1914 hubo 212 huelgas y en el año 1918, 463 huelgas). Así, la 1ª guerra mundial contribuyó a aventurar las diferencias sociales y a crear un clima de fuerte tensión.
Además de las repercusiones económicas, la 1ª guerra mundial también dejó su influencia en la sociedad y política españolas. En 1917 estalló la revolución rusa y por primera vez un partido obrero consiguió tomar el poder e iniciar la construcción de un estado de trabajadores. Las organizaciones obreras de todo el mundo vieron en Rusia un ejemplo a seguir y ello estimuló sus perspectivas revolucionarias y sus anelos de cambio social. Por otra parte el proceso revolucionario ruso atemorizó a la burguesía que temió por su situación y privilegios. El miedo a un estallido revolucionario empujó a los gobiernos a tomar medidas de represión contra el movimiento obrero.
También tuvo mucha importancia el resurgir del militarismo. Una de las preocupaciones que había llevado a Cánovas a diseñar el régimen de la restauración tal y como lo hizo fue terminar con la presencia activa de los militares en la vida política. El ejército se presentaba más como una potencial fuerza de guerra como un cuerpo burocrático cuya principal preocupación era la promoción int