| |
 
|
LOS INTENTOS DE REGENERAR EL SISTEMA |
|
LA
CRISIS GENERAL DE 1917 |
 |
 |


En
los primeros años del siglo XX, el regeneracionismo
era un tema deseado por todos; desde políticos (Francisco
Silvela), economistas (Joaquín Costa) e intelectuales
(Ángel Ganivet) hasta eclesiásticos como el
cardenal Cascajares. Con ellos conectan los escritores de
la Generación del 98, interesados en llevar a cabo
una labor de cambio y modernización de España.
La pérdida de Cuba y Filipinas no hundió el
sistema político de la Restauración pero si
lo hizo tambalearse y mostró la necesidad de regenerar
el sistema para que pudiera subsistir. El sistema siguió
basándose en la Constitución de 1876, el bipartidismo
y la farsa electoral.
La derrota en Cuba no fue asumida por nadie. La población
y el ejército culparon a los políticos por
no haber sabido dar solución a los problemas que
planteaba la isla. La derrota colonial marcó mucho
a los intelectuales del país, que haciendo una reflexión
profunda, se plantearon y criticaron el papel de España
en la Europa industrializada; pero tampoco ellos aportaron
soluciones. Los partidos no tuvieron un programa político
con el cual convencer a la sociedad.
El movimiento que cuestionó los valores del sistema
fue el regeneracionismo y su figura más destacada
fue Joaquín Costa, cuya obra más conocida
“oligarquía y caciquismo”, denunció
la incultura y el sistema de fraude electoral. Para acabar
con esta situación proponía incentivar la
educación y modernizar las estructuras para lograr
el progreso de España. Se trataba de una auténtica
reforma social y para ello necesitaba lo que llamaba “un
cirujano de hierro” que supiera cortar los males arraigados
en el país y conducir a la nación hacia el
progreso.
Después de 1898, el gobierno llevó a cabo
algunas reformas para intentar regenerar el sistema pero
nunca con la idea de cambiar la estructura política.
Uno de los principales factores que alteró el funcionamiento
del régimen fue la propia evolución de los
partidos dinásticos, pues la falta de líderes
carismáticos tras la muerte de Cánovas y Sagasta
(1903) ocasionó una gran debilidad política.
Esta inestabilidad se va a intensificar con la llegada de
Alfonso XIII al trono que, a diferencia de Alfonso XII y
María Cristina, intervino en la política más
de lo que la Constitución de 1876 le permitía.
En el partido conservador se encontraban Francisco Silvela
y Antonio Maura y en el liberal Eugenio Matinez Rix, Segismundo
Monet y José Canalejas.

Tras
la pérdida de sus posesiones americanas con le desastre
1898, la actuación exterior española se orientó
hacia el norte de África en un momento en que las
grandes potencias Imperialistas se estaban repartiendo el
continente africano. Después de la pérdida
de las colonias España empezó con una tímida
política exterior con el objetivo de Marruecos. A
partir de 1906 España inició su penetración
en el norte de África. La conferencia de Algeciras
de 1906 y el posterior tratado hispano-francés supusieron
la entrada de España en el reparto de África.
A España se le concedió una franja en el norte,
el Rift y un enclave en la zona atlántica: Ifni y
Río de Oro.Los intereses perseguidos en la zona eran
varios:
• Estratégicos porque se trataba de evitar
que las potencias occidentales, especialmente Francia y
Alemania decidieran exclusivamente el destino de Marruecos.
• Económicos, porque resultaba importante explotar
los recursos mineros de las montañas del RIF y
parecía rentable la posibilidad de realizar grandes
inversiones de capital en la construcción de ferrocarriles
y otras obras públicas.
• Política de prestigio porque la expansión
de Marruecos podría ayudar a la recuperación
del prestigio perdido a
la vez que posibilitaba la realización de los ideales
“africanistas” de aquellos que consideraban
a África como una ocasión histórica
perdida.
• La Iglesia también tenía intereses,
porque vio un posible campo de evangelización.
A finales
del siglo XIX, el sultanado de Marruecos vivía envuelto
en una anarquía e inestabilidad política.
Europa puso sus ojos en él. Al lado de España,
Francia quería asegurar su posición en Túnez;
Inglaterra trató de salvaguardar su dominio en Gibraltar;
y Alemania deseaba ventajas económicas y territoriales
en África. Chocan los intereses. Las rivalidades
entre Francia, Inglaterra y Alemania tras la conferencia
de Algeciras en 1906 y tras la firma del tratado hispano
– francés en 1912, dieron como resultado la
división de Marruecos en dos protectorados: uno al
sur, de mayor extensión y riqueza adjudicado a Francia;
el otro al norte, en las montañas del RIF, más
pobre y reducido, adjudicado a España. El dominio
de España en su protectorado no fue nada fácil
ni muy rentable económicamente, pues la ocupación
militar del protectorado español en Marruecos estaba
resultando una operación difícil y costosa
porque el ejército español estaba mal preparado
y carecía de recursos. Además, las características
del RIF no ayudaban puesto que era una zona muy montañosa
mal comunicada y ocupada por distintas tribus. En 1920 y
ante la ofensiva del ejército español para
imponer su domino, se sublevó una de las tribus beréberes
del RIF liderada por Abd – el – Krim. La operación
acabó con la derrota de España en Annual en
1921 donde murieron 12000 soldados españoles y fue
destruido numeroso material de guerra. La difícil
guerra manifestó la impotencia del ejército
español para doblegar a los sublevados y establecer
la paz. La derrota creó en clima de malestar en la
opinión pública española, lo que acentuó
el descontento hacia el sistema y las críticas contra
los políticos, militares y el propio rey.


El
ejército se vio sometido a duras críticas
desde el desastre del 98. Necesitaba una reforma profunda
que lo hiciera más operativo, puesto que su excesivo
cuadro de mandos absorbía la mayor parte del presupuesto
en sueldos imposibilitando la modernización del material
de guerra. La guerra de Marruecos así lo puso de
manifiesto. Arreciaron las críticas y las peticiones
de responsabilidades ante los fracasos por lo que los militares
reaccionaron con “espíritu de cuerpo”
alejándose de la sociedad. Ante los problemas internos
(ascensos rápidos por méritos de guerra) y
los externos (ataques a su prestigio), se crearon las Juntas
de Defensa como órgano de presión ante la
vida política. Con ello empezaba a resquebrajarse
la armonía conseguida por Cánovas y Alfonso
XII entre el poder civil y el militar.

El
movimiento obrero presentó un problema permanente,
que fue extremando sus actitudes hasta desembocar en la
huelga general de la Gran crisis de 1917. La huelga y la
violencia protagonizada por grupos anarquistas pasaron a
formar parte de su metodología. A pesar de su creciente
importancia no tuvo capacidad para imponer cambios políticos
y sociales profundos. El movimiento obrero estuvo condicionado
por la situación de las clases trabajadoras: paro,
alto grado de analfabetismo y fuertes desigualdades salariales
entre el obrero industrial y el agrícola. El socialismo
potenció el partido obrero de masas, aunque evoluciona
lentamente tiene cada vez más efectivos. Pretende
tomar el poder con el fin de abolir las clases sociales
y transformar la sociedad.
Asumió la defensa de los obreros pero rechazaba en
sus reivindicaciones la vía de la violencia. Su sindicato,
la UGT tuvo una gran implantación e influencia entre
las clases trabajadoras de las zonas industrializadas de
Asturias y el País Vasco. Sólo contó
con el escaño de Pablo Iglesias que había
fundado el PSOE en 1879, aunque no se constituye oficialmente
como partido hasta 1888.

El
anarquismo sufre altibajos en su trayectoria; la huelga
es su instrumento. Tuvo un importante papel en el clima
de violencia social de la primera mitad del siglo XX llevando
a cabo actos de carácter terrorista. Su sindicato,
la CNT (confederación nacional de trabajadores) entendía
el sindicalismo como un medio para la transformación
social pero por la vía revolucionaria. La CNT organizó
numerosas huelgas por la defensa de las mejoras salariales
y la disminución de la jornada laboral. Su mayor
arraigo se produjo en Levante, Cataluña y Andalucía.
Los partidarios del anarquismo organizaron la federación
de la región española (FTRE) en la que se
distinguen dos tendencias:
- la anarco - sindicalista: partidaria de la vía
reivindicativa a través de los sindicatos.
- la anarco – comunista: partidaria de una acción
más violenta, incluso del terrorismo.
La violencia anarquista protagonizó una oleada de
atentados de la que se culpo a una organización terrorista
llamada “La Mano Negra” que se relacionó
con la FTRE, aunque nunca se pudo comprobar fue suficiente
la sospecha para desarticular este movimiento en Andalucía.

Tiene
su principal exponente en el catalanismo. El regionalismo
catalán aceptaba la monarquía asé como
la unidad de España pero pedía una reforma
constitucional profunda que permitiera la autonomía
catalana.
Las bases de Manresa constituyeron la carta magna del catalanismo.
Los líderes más importantes fueron Prat de
la Riva y Cambó, gran conocedor de las finanzas.

Con
el fin de adecuar la Constitución de 1876 a la nueva
realidad social y política de España era necesario
reformarla profundamente. Se tenía que eliminar de
ella todo lo que de falso y anacrónico había
en su funcionamiento real (caciquismo y falsa electoral),
e introducir modificaciones capaces de integrar en el sistema
a otras fuerzas políticas como los regionalistas
y los republicanos. El intento más serio se haría
en 1917, pero fracasó. Sería el inicio del
fin del régimen.

Se
planteó como consecuencia del antagonismo entre clericalismo
y anticlericalismo. El partido liberal, sin programa político
que le diferenciara del conservador e inducido por las fuertes
medidas anticlericales de Francia, tomó el anticlericalismo
como bandera política. Se sucedieron hechos lamentables
como agresiones a obispos, sacerdotes y edificios religiosos;
la polémica estuvo centrada en torno a la enseñanza
de la religión en institutos de enseñanza
media y en escuelas primarias, y en la capacidad de las
congregaciones religiosas para ejercer o no la docencia.


Al
comienzo del reinado, los intentos de regeneración
y modernización del gobierno de Francisco Silvela
se ven abortados por la incompatibilidad de sus ministros:
el General Polavieja, ministro de la guerra y partidario
de grandes reformas; y el ministro de hacienda, Fernando
Villaverde, partidario de introducir las más severas
economías en los presupuestos generales del Estado.
El programa de Polavieja fue imposible de realizar por lo
que presentó su dimisión y defraudado Silvela,
se retiró.
En 1907 Antonio Maura volvía por segunda vez al poder
e inicia un decidido programa de renovación interna.
Gobernó dos veces: de 1903 a 1904 y de 1907 a 1909
pero su influencia llena todo el período. Intentó
la reforma del sistema canovista tratando de lograr que
la democracia fuese una realidad y no una apariencia. Afrontó
los dos problemas fundamentales del Estado: la práctica
inmoral del caciquismo y el regionalismo; para ello publicó
la Ley de Administración Local de 1907 que pretendía
una reforma profunda de las estructuras políticas
del país pero que quedó sólo en un
proyecto. Esta ley pretendía “el descuaje del
caciquismo”. La misma ley concedía amplias
cotas de autonomía al regionalismo catalán.

La
primera crisis grave del reinado de Alfonso XIII fue desencadenada
en 1909 y provocó la caída de Maura. La protesta
fue por la movilización de reservistas catalanes
para la guerra de Marruecos. Los reservistas iban a controlar
una rebelión de indígenas q protestaban por
la construcción de un ferrocarril minero en la zona
del RIF. Esta región había sido concedida
a España en una conferencia internacional sobre Marruecos
celebrada en Algeciras en 1906; allí se reunieron
las principales potencias para llevar a cabo el reparto
colonial de África. El gobierno de Maura había
ido creándose una fuerte oposición de izquierdas.
El incidente que provocaría su caída fue la
semana trágica de Barcelona. Barcelona vivió
unos días de terror y la ola de violencia se extendió
por otras ciudades. El gobierno declaró el Estado
de guerra y se utilizó al ejército para reprimir
la violencia. El gobierno emprendió una fuerte represión
que costó la vida al anarquista Francisco Ferrer
Guardia, a quien se le atribuyó la responsabilidad
de aquellos hechos. Ferrer Guardia era un anarquista pedagogo
fundador de la Escuela Nueva; su ejecución levantó
una violenta protesta tanto dentro como fuera de España
que contribuyó al descrédito del gobierno
y la monarquía.

Estos
hechos provocaron la caída de Maura. Fue sustituido
por Moret que sólo estuvo en el gobierno unos meses
siendo sustituido por Canalejas, la personalidad más
relevante del partido liberal. Realizó el segundo
gran intento de salvar al país y a la monarquía
y para ello:
• Estableció un impuesto sobre las rentas urbanas
que gravaba especialmente a los ricos.
• Afrontó el problema clerical promulgando
la llamada Ley del Candado por la que prohibía la
entrada de nuevas órdenes religiosas a España.
• Atendió algunas reivindicaciones obreras,
concediéndoles la jornada laboral de 9 horas.
• Reguló en trabajo de la mujer.
• Hizo obligatorio el servicio militar eliminando
los pagos o redenciones en metálico.
• Inició la legislación social para
intentar controlar el movimiento obrero.
• Atajó con dureza las huelgas distinguiendo
entre huelga reivindicativa de derechos y huelga revolucionaria.
• Dio pasos importantes en la solución del
problema regionalista con la Ley de Mancomunidades Regionales.
Cuando se anunciaba una esperanzador turno entre maura y
Canalejas, este último fue asesinado por un anarquista
el 12 de Noviembre de 1912.


A partir
de la muerte de Canalejas (1912) el reformismo dinástico
perdió gran parte del dinamismo del período
anterior y la ausencia de líderes prestigiosos provocó
la fragmentación interna de los partidos del turno.
Dentro del partido conservador se consolidaron dos tendencias:
los mauristas que intentaron formar un partido de talante
más reformista y los idóneos de Eduardo Dato
que representaban la postura más tradicional. También
el partido liberal se fragmentó en diferentes corrientes
fruto del personalismo de sus líderes. En 1913 el
rey nombró al conservador Eduardo Dato como presidente
del gobierno y este tuvo que hacer frente a las consecuencias
del Estallido de la 1ª guerra mundial (1914-1918)
España mantuvo una posición de neutralidad
frente al conflicto Europeo, actitud que fue apoyada por
todas las fuerzas políticas. A pesar de la neutralidad
la sociedad Española tomó partido a favor
de uno u otro adversario, dándose grandes polémicas
entre:
• Germanófilos Las clases altas, la Iglesia
y la mayor parte de los mandos del ejército, así
como el partido real se mostraron partidarios de los Imperios
centrales (Alemania y Austria), representantes del orden
conservador y de la autoridad.
• Aliadófilos Los sectores más progresistas,
sobre todo republicanos se inclinaron por las potencias
aliadas Francia e Inglaterra, en las que veían la
encarnación de unos ideales más democráticos.
• Fuerzas Obreras (y Sindicales) defendieron la neutralidad
al considerar que el conflicto era una pugna entre intereses
imperialistas.
La neutralidad favoreció una importante expansión
económica ya que la guerra redujo la capacidad productiva
de los países beligerantes y España se convirtió
en suministradora de productos tanto industriales como agrícolas.
El incremento de la demanda interior estimuló el
crecimiento de la producción pero también
trajo consigo un aumento de los precios lo que desató
un proceso infraccionario sin precedentes.
Los precios de los productos de primera necesidad se duplicaron
entre 1924 y 1919 y el precio del trigo (producto básico)
aumentó un 70%.
La demanda exterior benefició especialmente a la
siderurgia Vasca, a la minería Asturiana y a las
industrias textiles y metalúrgicas de Cataluña.
Fueron años de buenos negocios y de fácil
enriquecimiento, pero este crecimiento tuvo un componente
fuertemente especulativo ya que no se invirtieron los beneficios
en la modernización de infraestructuras. En contraste,
las clases populares conocieron un empobrecimiento de su
nivel de vida ya que la inflación no fue acompañada
de una subida equivalente de los salarios y la capacidad
adquisitiva de un buen sector de la población disminuyó
notablemente. Se calcula que el coste de la vida subió
entre un 15 y un 20% y el empeoramiento del nivel de vida
provocó una oleada de huelgas y reivindicaciones
(en el año 1914 hubo 212 huelgas y en el año
1918, 463 huelgas). Así, la 1ª guerra mundial
contribuyó a aventurar las diferencias sociales y
a crear un clima de fuerte tensión.
Además de las repercusiones económicas, la
1ª guerra mundial también dejó su influencia
en la sociedad y política españolas. En 1917
estalló la revolución rusa y por primera vez
un partido obrero consiguió tomar el poder e iniciar
la construcción de un estado de trabajadores. Las
organizaciones obreras de todo el mundo vieron en Rusia
un ejemplo a seguir y ello estimuló sus perspectivas
revolucionarias y sus anelos de cambio social. Por otra
parte el proceso revolucionario ruso atemorizó a
la burguesía que temió por su situación
y privilegios. El miedo a un estallido revolucionario empujó
a los gobiernos a tomar medidas de represión contra
el movimiento obrero.
También tuvo mucha importancia el resurgir del militarismo.
Una de las preocupaciones que había llevado a Cánovas
a diseñar el régimen de la restauración
tal y como lo hizo fue terminar con la presencia activa
de los militares en la vida política. El ejército
se presentaba más como una potencial fuerza de guerra
como un cuerpo burocrático cuya principal preocupación
era la promoción int |