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España
ocupa el 85% de la península Ibérica y está
rodeada de agua por casi el 88% de su perímetro;
su costa mediterránea mide unos 1.660 km de largo
y la atlántica unos 710 km. La amplia y continua
cadena montañosa de los Pirineos, que se extiende
a lo largo de 435 km desde el golfo de Vizcaya hasta el
mar Mediterráneo, forma frontera natural con Francia,
al norte; en el extremo sur, el estrecho de Gibraltar que
mide 12 km separa la península y el norte de África.
La característica
topográfica más importante de España
es la gran planicie central, poco arbolada, llamada la meseta
Central, que tiene una inclinación general descendente
de norte a sur y de este a oeste, con una altitud media
de unos 610 m. La Meseta se encuentra dividida en una sección
septentrional (submeseta Norte) y otra meridional (submeseta
Sur) por una cadena montañosa, el sistema Central,
del que forman parte las sierras de Gredos y Guadarrama.
Los montes de Toledo accidentan la submeseta Sur.
Otras
cadenas montañosas, como la cordillera Cantábrica,
al norte, el sistema Ibérico, al este, y sierra Morena,
al sur, constituyen los rebordes de la Meseta y la separan
de la orla cantábrica y Galicia, el valle del Ebro
y la llanura levantina y del valle del Guadalquivir, respectivamente.
Entre muchas de estas montañas se abren valles estrechos
drenados por ríos rápidos, como Lozoya, Sil,
Jerte o Jiloca.
La llanura
costera es estrecha, salvo en la costa levantina y en el
golfo de Cádiz, no suele medir más de 32 km
de anchura, y en muchas áreas está quebrada
por montañas que descienden abruptamente hasta el
mar formando promontorios rocosos y calas, como en la Costa
Brava. El área costera septentrional y noroccidental
tiene varios puertos destacados en el fondo de abrigadas
rías, en particular a lo largo de la costa gallega.
Las cordilleras Costeras catalanas, en el noreste, y las
sierras o sistemas Béticos, al sur, completan la
serie de cordilleras importantes de la península.
En dos de estas cadenas montañosas principales, Pirineos
y sierras Béticas, existen elevaciones que superan
los 3.000 m de altitud. Los picos más altos de la
península son el pico de Aneto (3.404 m) en los Pirineos
y el Mulhacén (3.477 m) en sierra Nevada, en el sur
de España. El punto más elevado de todo el
territorio español es el pico del Teide (3.718 m),
situado en la isla canaria de Tenerife.

Los principales ríos de España fluyen hacia
el oeste y suroeste para desembocar en el océano
Atlántico; por lo general, discurren por cursos profundos
y rocosos a través de los valles de las montañas.
Estos ríos son el Duero, el Miño, el Tajo
y el Guadiana que nacen en territorio español y fluyen
a través de Portugal —o constituyen la línea
fronteriza con este país— hasta desembocar
en el Atlántico. El Guadalquivir, que atraviesa una
fértil llanura en el sur, es el único río
navegable de España, aunque sólo para barcos
de poco calado, en sus últimos 100 km, desde Sevilla
hasta su desembocadura. El Ebro, el más caudaloso
de España, lleva la dirección contraria, noroeste-sureste,
y pertenece a la vertiente mediterránea. La mayoría
de los ríos españoles son poco caudalosos
y por tanto no aptos para la navegación interior,
aunque se utilizan ampliamente para regadío y, en
sus cursos alto y medio, tienen un importante aprovechamiento
como fuente de energía.

El clima de España es predominantemente mediterráneo,
especialmente en la costa mediterránea y Baleares.
Se caracteriza por inviernos templados, salvo en el interior
o las montañas, y veranos muy calurosos, con precipitaciones
por lo general insuficientes, aunque las características
físicas variadas del país determinan diferencias
climáticas pronunciadas. A lo largo de las costas
del mar Cantábrico y del océano Atlántico
el clima es oceánico, por lo general húmedo
y templado. La meseta Central tiene un clima mediterráneo
continentalizado o de interior, con unos veranos tan áridos
que muchos riachuelos se secan, la tierra se agosta y las
sequías son frecuentes. La mayor parte de España
recibe menos de 610 mm de precipitaciones anuales; las regiones
montañosas del norte y centro son más húmedas.
En la zona centro, el invierno es muy frío, mientras
que las temperaturas durante el verano se pueden elevar
hasta superar los 40 °C. Como contraste, la costa sur
mediterránea goza de un clima subtropical; Málaga
tiene el invierno más suave de Europa, con 12,5 ºC
de temperatura media mensual en enero. Las islas Canarias
poseen un clima tropical, cálido y seco; Santa Cruz
de Tenerife tiene 17 ºC de temperatura media en enero.

El país
tiene muchos recursos minerales, en especial cobalto, cobre,
mineral de hierro, plomo, carbón, lignito, manganeso,
mercurio, potasio, tungsteno, caolín, yeso, sal,
plata, azufre, estaño y cinc; también cuenta
con pequeñas cantidades de gas natural y petróleo.

Sólo un tercio de España es área forestal,
el dominio de árboles y arbustos. Los bosques se
encuentran sobre todo en las laderas de las montañas,
siendo más abundantes en el norte y noroeste. Las
especies más comunes son la encina, en las zonas
bajas, y el pino, en las montañas. El alcornoque,
del cual se puede extraer corcho cada diez años,
también es abundante y crece principalmente en Extremadura
y Girona. A lo largo de los ríos de todo el país
crecen chopos y el cultivo de olivos es una importante actividad
agrícola. Otras especies destacadas son el olmo,
el haya, el roble, la sabina, el eucalipto y el castaño.
Los arbustos y herbáceas forman la vegetación
natural común en gran parte del país. En los
suelos sueltos y arenosos crecen vides. El esparto, que
se utiliza para la fabricación de papel y distintos
productos de fibras, crece de manera natural en las zonas
secas del sur y sureste. En la costa mediterránea
se cultivan la caña de azúcar, naranjas, limones,
frutales, higos y almendras. Las castañas son características
de regiones húmedas y suelos silíceos.
La fauna española, una de las más variadas
del continente europeo, comprende especies como el lobo,
oso, lince, gato montés, zorro, jabalí, cabra
montés, ciervo y liebres. Las aves son abundantes,
con numerosas especies de rapaces, como águilas,
buitres, alimoches, quebrantahuesos, halcones, azores, búhos
y lechuzas, así como otras especies como grullas,
avutardas, flamencos, garzas y patos. Abundan también
los insectos. En los arroyos y lagos de montaña son
frecuentes peces como el barbo, la tenca y la trucha.

Aunque,
como en otros aspectos físicos o biogeográficos,
es la heterogeneidad lo que predomina en los suelos españoles,
en general no suelen ser los más aptos para un aprovechamiento
agrario adecuado y necesitan un cuidadoso cultivo y sistemas
de regadío. Por otra parte, cuando estos suelos son
suficientemente ricos y profundos, pueden ver limitadas
sus posibilidades por otras variables geográficas.
Las fuertes pendientes hacen que aparezca la roca al desnudo
y la extremada aridez deja unos suelos esqueléticos
y sin casi cobertera vegetal en áreas como el sureste
y zonas del valle del Ebro. En general encontramos suelos
ricos y aptos para la agricultura en la llamada Iberia arcillosa,
en el valle del Guadalquivir, centro del valle del Duero,
llanura levantina y lecho de inundación de ríos
como Ebro y Tajo, mientras que en las zonas de la Iberia
silícea o caliza raramente encontramos buenos suelos.
En Canarias el contraste es aún mayor, entre los
feraces suelos sobre las cenizas volcánicas (valle
de La Orotava) y la desolación del malpaís
(Lanzarote).

La tierra
básicamente montañosa y semiárida de
España alberga a más de 5.000 especies de
vegetales. Los bosques cubren el 28,8% (2000) del país,
aunque estas cifras incluyen formaciones de pinos y eucaliptos
plantados para estabilizar el suelo o para aprovechar su
pulpa, utilizada en la fabricación de papel. La tierra
agrícola comprende el 37,1% del país. Entre
las áreas protegidas de España hay parques
nacionales, parques naturales, reservas de caza y otros
sitios más pequeños con estatus especial de
conservación, que en conjunto representan un total
de 8,4% (1997) del territorio.
España
se enfrenta a numerosas amenazas medioambientales. La deforestación,
la erosión y la contaminación de los ríos
son las principales preocupaciones. Otros problemas son
la intrusión de la agricultura en tierras con categoría
de protegidas, la desertización en zonas agrícolas
mal gestionadas y la salinización del suelo en regiones
irrigadas. La productividad agrícola ha mejorado
en los últimos años, pero en parte como resultado
del uso de fertilizantes nitrogenados, lo que ha incrementado
el problema de los nitratos en los ríos. El turismo,
que es una importante fuente de ingresos para España,
también produce deterioro medioambiental. Los desarrollos
mal planificados amenazan a zonas protegidas, y las insuficientes
instalaciones para el tratamiento de aguas generan una contaminación
importante, especialmente en la costa del Mediterráneo
durante los meses de verano. En 1998, un vertido tóxico
provocado por la ruptura de una presa que almacenaba residuos
mineros, causó una severa contaminación del
acuífero y de las áreas adyacentes al área
protegida más emblemática del país,
el Parque nacional de Doñana.
España
genera su energía a partir de hidroelectricidad,
carbón y energía nuclear. Las plantas nucleares
proporcionan más de un tercio de la energía
del país, aunque el Gobierno se ha comprometido a
reducir la dependencia con respecto a esta energía,
desarrollando fuentes de energía alternativas.
España
participa del Convenio de Ramsar sobre humedales, con 17
sitios designados, y del Convenio sobre el Patrimonio de
la Humanidad, con dos parques nacionales reconocidos como
Patrimonio de la Humanidad. Hay catorce reservas de biosfera
establecidas bajo el programa El Hombre y la Biosfera de
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO). España ha ratificado
el Protocolo Medioambiental del Antártico y el Tratado
Antártico, así como diversos acuerdos medioambientales
internacionales relativos a contaminación atmosférica,
biodiversidad, cambios climáticos, especies en peligro
de extinción, cambios medioambientales, residuos
peligrosos, vertido de residuos al mar, vida marina, prohibición
de realizar ensayos nucleares, capa de ozono, contaminación
naval, madera tropical (1983) y caza de ballenas. En la
región, España ha designado varias zonas protegidas
para las aves silvestres como parte de la Directiva Europea
sobre Aves Silvestres y seis zonas marinas protegidas de
acuerdo con el Plan de Acción en el Mediterráneo.
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